Fiesta de la Pachamama

Fiesta de la Pachamama

La fiesta de la Pachamama, es celebrada el 1 de agosto y en fines de febrero por los pueblos originarios de Los Andes, quienes rinden tributo a la Madre Tierra. Ésta ceremonia ancestral refuerza el vínculo del hombre con la naturaleza y se lleva a cabo bajo distintos rituales relacionados con la preparación de la siembra.

La Pachamama representa a una deidad cotidiana, con la cual se dialoga permanentemente, ya sea pidiéndole sustento o disculpándose por algún daño cometido en contra de la tierra y por todo lo que nos provee como habitantes de ella.

Principalmente, es en el norte de Argentina donde se concentran los festejos de la Pachamama; promovido por un sistema de creencias y rituales que actualmente se mantiene y conserva gracias a las comunidades quechuas y aimaras y de otros grupos étnicos que han recibido esta influencia en las áreas andinas.

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Los distintos pueblos indígenas hacen su ofrenda a la tierra como agradecimiento por los bienes otorgados y para rogar por la fertilidad de sus animales y cultivos para el próximo año. Comúnmente se realiza el entierro (en un lugar cerca de la casa) de una olla de barro con comida cocida o en un pozo previamente cavado donde se colocan los regalos que se componen de sus comidas favoritas: chicha, coca, vinos pateros, maíz, quínoa, frutos de la región, etc.

Luego, es usual, que el festejo continué con música y coplas, bebidas y comidas características de las comunidades. Muchos pueblos reciben la visita de conjuntos folklóricos. Y todo es fiesta, para una de las celebraciones culturales más significativas y tradicionales de Argentina.

El evento, como no está localizado en un lugar específico, se concentra en ciertos manantiales, vertientes, o apachetas de los Valles Calchaquíes y cada uno le imprime su impronta. En Amaicha del Valle (Tucumán) la particularidad es que se elige a la representante de la madre tierra entre las ancianas de mayor edad. Por su parte en Jujuy, los centros donde la festividad adquiere mayor relevancia son los de Purmamarca, Tumbaya, Valle Grande y en todas las localidades de la Puna jujeña; en los cuales, son frecuentes  los bailes tirándose agua y harina con papel picado, serpentina, pintura y barro para complementar los festejos del carnaval. Mientras que en Salta, toda la algarabía comenzará en San Antonio de los Cobres, sitio central en el que se ofrenda a la Pachamama, se suman a éste el Centro de Residentes Vallistos y Puneños ubicado en Villa Primavera de la ciudad, circunstancia en la que vecinos y compadres se reúnen para revalidar sus relaciones.

La cita es obligada para divertirse y conocer parte de las culturas autóctonas. Los turistas y viajeros son bien recibidos y tanto  adultos como chicos se hacen presentes en el lugar. Todos los pueblos y sus alrededores viven los festejos con una alegría contagiosa y suman a quienes llegan más allá de los límites geográficos.

A tener en cuenta, que la celebración se extiende durante una semana y se realizan encuentros de comadres, feria artesanal, baile con bandoneón, guitarra y bombo. Las comunidades comparten sus productos como albaca, masas dulces y flores. Artesanos, cantores, delegaciones gauchas y bailarines, le dan un marco particular a esta fiesta ya consagrada.

 

 

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